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Bicentenario de Chiloé y la Incomodidad Necesaria

26 de marzo de 2026 por
CHAITENTV

Por Cristopher Burgoa Godoy, Académico del Departamento de Salud de la ULagos sede Chiloé.

Hablar del bicentenario de Chiloé no es un gesto neutro. Toda conmemoración implica una decisión: qué recordar, cómo narrarlo y, sobre todo, qué dejar fuera. A 200 años de la incorporación del archipiélago al Estado chileno, la pregunta es: ¿qué estamos celebrando realmente?

Mientras los relatos oficiales destacan integración y progreso, en los territorios persisten experiencias de despojo, subordinación y silenciamiento. El bicentenario, más que una efeméride, debería ser una oportunidad para ejercer pensamiento crítico, incluso —y especialmente— si eso incomoda.

Desde la Terapia Ocupacional, esta discusión no es ajena. Las ocupaciones —aquello que las personas hacen, sostienen y significan en su vida cotidiana— no ocurren en el vacío. Están atravesadas por condiciones históricas, económicas y culturales que las habilitan o las restringen.

En Chiloé estas tensiones son evidentes. Las transformaciones asociadas a la industria salmonera, los conflictos socioambientales y la presión de modelos de desarrollo extractivista han reconfigurado profundamente las formas de habitar el territorio.

Aquí, la noción de ocupación adquiere un doble sentido: remite a la historia política de un territorio incorporado al Estado y a las ocupaciones cotidianas que sostienen la vida. Y es en esa intersección donde emergen preguntas incómodas.

¿Qué ocupaciones han sido promovidas y cuáles desplazadas? ¿Qué formas de vida han sido reconocidas y cuáles invisibilizadas? El pueblo williche, presente mucho antes de la configuración del Estado-nación, ha sostenido una relación con el territorio basada en el equilibrio y la reciprocidad.

Sin embargo, estas formas de ocupación han sido tensionadas por una institucionalidad que no es neutral. El rol de la Universidad de Los Lagos es clave, no solo por su presencia en el sur austral, sino por su responsabilidad como institución pública.

No basta con formar profesionales competentes; se requiere formar sujetos capaces de leer críticamente su contexto, de dialogar con los saberes locales y de tensionar las lógicas que profundizan desigualdades.

Pensar la Terapia Ocupacional desde Chiloé implica descentrar las miradas tradicionales. Implica reconocer que el conocimiento no se produce únicamente en la academia, sino también en los territorios y en las comunidades.

El bicentenario puede ser un punto de inflexión, pero solo si somos capaces de sostener la incomodidad que conlleva revisar nuestras propias narrativas. De lo contrario, corremos el riesgo de celebrar una historia incompleta.

No se trata solo de conmemorar la ocupación de un territorio, sino de preguntarnos por las ocupaciones que hoy configuran la vida en él. Y en esa pregunta se juega también el futuro de Chiloé.

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